jueves, 10 de noviembre de 2011

Tanto tiempo esperando. El día llegará y no tendré nada en que pensar.


Por eso solo dejaré que día me invada. Me despertaré a la misma hora de siempre. Luciré como normalmente luzco. Caminaré el recorrido conocido. Llenaré mis pulmones del aire contaminado de mi ciudad tal como cualquier otro día. Me sentaré en la misma banca. Y esperaré verla pasar. No lo haré. Llegaré al aula correspondiente al día y la hora. Miraré la puerta esperando verle. No lo haré si no hasta dentro de veinte minutos. Cuando se abra y entre, agacharé la mirada, como si nunca hubiera estado esperando con tanto interés. Trabajaré en lo que trabajo. Estudiaré lo que estudio. Leeré lo que leo. Me reiré de chistes ya escuchados pero sutilmente modificados. Estaré cansada. Cansada como suelo estarlo.

Y si llega esa hora...

Si llega y mi día es tan común como cualquier otro.

Pediré su bien. Porque su bien es mi bien, aunque yo aun no sepa con claridad a que me refiero.

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